LA FUGA
Hace mucho tiempo intenté cometer un atentado contra la familia real, pero desgraciadamente para mí, la policía me capturó.
Me encerraron en una cárcel de máxima seguridad. Aún lo recuerdo, mi celda era la número 369, donde convivía con mi compañero Gonzalo, gran persona y mejor asesino.
Nunca olvidaré ese día, cuando a la hora del desayuno, cogí una cucharilla ínfima de café y decidí cavar un túnel. Gonzalo me dijo que tardaría setecientos años en acabarlo, pero yo solo tardé diez.
Gonzalo prometió ayudarme tapando el agujero colocando la cama sobre él y juró no delatarme jamás, y así fue.
Después de 524 días cavando sin parar, llegué hasta la celda de un tipo llamado Juancho.
No se podía escapar de la prisión sin pasar inexorablemente por su celda. Y cuando me vio allí... ¡Alucinó! Me dijo que estaba loco y que iba a delatarme. Finalmente me dejó pasar a cambio de unos cuantos cigarros, muy preciados en la cárcel por estar absolutamente prohibidos. Al percatarse de que ese agujero también podia ser su salvación, decidió cerrar el pico.
Diez años después de haber empezado a cavar, por fin terminé el largo viaje.
¡Qué hastío! Al empezar no imaginé que tardaría tanto. Quise abandonar muchas veces, pero nunca desfallecí....y por fin vi la luz.
En cuanto salí del agujero, arranqué a correr sin mirar atrás. Mientras huía pensé en dónde ir, finalmente, decidí alojarme en casa de mi hermano Enrique.
A día de hoy, a pesar de estar en búsqueda y captura, sigo en paradero desconocido ya que al pasar tanto tiempo, la policía me dio por muerto.
Nunca olvidaré ese día, cuando a la hora del desayuno, cogí una cucharilla ínfima de café y decidí cavar un túnel. Gonzalo me dijo que tardaría setecientos años en acabarlo, pero yo solo tardé diez.
Gonzalo prometió ayudarme tapando el agujero colocando la cama sobre él y juró no delatarme jamás, y así fue.
Después de 524 días cavando sin parar, llegué hasta la celda de un tipo llamado Juancho.
No se podía escapar de la prisión sin pasar inexorablemente por su celda. Y cuando me vio allí... ¡Alucinó! Me dijo que estaba loco y que iba a delatarme. Finalmente me dejó pasar a cambio de unos cuantos cigarros, muy preciados en la cárcel por estar absolutamente prohibidos. Al percatarse de que ese agujero también podia ser su salvación, decidió cerrar el pico.
Diez años después de haber empezado a cavar, por fin terminé el largo viaje.
¡Qué hastío! Al empezar no imaginé que tardaría tanto. Quise abandonar muchas veces, pero nunca desfallecí....y por fin vi la luz.
En cuanto salí del agujero, arranqué a correr sin mirar atrás. Mientras huía pensé en dónde ir, finalmente, decidí alojarme en casa de mi hermano Enrique.
A día de hoy, a pesar de estar en búsqueda y captura, sigo en paradero desconocido ya que al pasar tanto tiempo, la policía me dio por muerto.
La mejor redacción que he leído
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